martes, 4 de noviembre de 2025

Crónica del taller de Roberto Appratto

 



EL CUADERNO

O el comienzo de otra crónica

Es una tarde de comienzo de setiembre de 2023 cuando  me enfrento a ordenar un poco el caos de papeles que me rodea.

Eso implica decidirme a tirar y desprenderme de cosas que tengo la  certeza que no voy a volver a mirar.  Sé que poseo un apego de acumulación absurda  de programas, mapas, invitaciones, diplomas, fotocopias, libretas, notas, apuntes, agendas en desuso  y libros que no he leído ni pienso leer. Es un deseo firme que me ha acompañado largo tiempo. También es hacer lugar a nuevos libros sin morir en el intento.

¿Quién no ha sentido tan loable impulso?

Me muní de tres cajas medianas que pedí en el supermercado vecino; me dije que lo encararía con determinación, sin ansiedad, al ritmo que fuera surgiendo, y eso sí, con la meta definida hasta el final, sin distracciones, ni interrupciones.

Pero me temía que podían existir  encuentros ineludibles y aquí estoy frente al cuaderno que me acompañó en el taller literario de Roberto Appratto, al que ingresé en marzo de 2002 y cuya última anotación  data del 23 de abril de 2013

El magnífico plan falló en forma rotunda. 

Se trata del taller de escritura creativa al que concurro hasta el presente, con altos y bajos. Es probable que la detención en abril de 2013 hubiera correspondido a un bajo, porque quedaron algunas páginas sin llenar.  El alto posterior  que recuerdo ya fue en  época de tablet y tecnología, quizás por 2016 y deberé recurrir a la memoria.

Expresé la circunstancia como ineludible. Es que ahí estaba mi  cuaderno con aire inamovible, grande y fuerte,  con su tapa alegre cubierta en tela rústica, elegido con cuidado así, porque necesitaba alegrarme. Ineludible, porque ¿cómo podía eludir la curiosidad?  Me estaba escondiendo  una larga historia de creatividad compartida.

Lo que no podía prever al comienzo, al empezar a ojearlo y hojearlo, fue que en mi vida entraran en forma impetuosa los compañeros, las compañeras, los libros recomendados y leídos con voz clara, metálica, de profesor, borradores emborroneados, y la imagen de  Roberto siempre,  dirigiendo esa sinfónica y su coro polifónico.  Se desplegaron sorpresivamente, como en una ráfaga vivificante, todos  esos años  y como un rayo de sol, que nos atraviesa  al abrir una persiana, fue presente.

Y me habitó. Penetró ocupando  el  espacio con risas, voces, discusiones, y sobre todo creación,  .

Ahora, con temor y humildad, trato de recrear algunas de esas anotaciones,  buscando  el milagro de convertir imágenes y vivencias, con sus vibraciones,  colores y sonidos, en literatura.

No  son recuerdos,  son presencia

 

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