sábado, 8 de noviembre de 2025

 



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el miércoles 5 de noviembre se hizo un sentido homenaje a Roberto Appratto, que se fue así, de repente, luciendo sus jóvenes 75 años.

Fue una reunión de afectos. 

Más de 10 talleristas fuimos con algunos de sus libros, para leer trocitos de su obra, y algo mágico ocurrió, porque de alguna forma toda su vida se nos hizo presente.

Es que su obra fue su vida misma, con sus espacios llenos y vacíos, y en ella estaban sus mujeres, sus hijos, sus maestros, sus amigos, su padre, su madre, su IPA con sus compañeros, sus épocas oscuras y luminosas, y hasta Peñarol.   

Copio aquí lo que elegí leer, de su libro Apuntes, que sentí que esta escrito para sus alumnos, los que intentamos con él comprender e introducirnos en la literatura.

"Apuntes

pág 109

Uno escribe porque quiere; para mostrarlo; para sacarse algo de encima; porque es un trabajo y tiene que cumplir; porque quiere seguir su carrera de escritor; porque no quiere que lo olviden; porque la aparición de su nombre ligado a algo escrito alcanza para que vuelva al ruedo; porque quiere mostrar qué tanto mejor está escribiendo o hasta qué punto cumple con su mandato de seguir escribiendo; para mostrar que es sincero, que no le tiene miedo a la realidad; porque quiere redimirse por medio de la sinceridad; porque quiere contar, confesar algo que supone esencial para su vida; porque cree que al hacer eso está ayudando a los demás; para exhibir su oficio de la manera más impersonal posible, simplemente tildando un ítem y pasando a otro; por oscuras razones de ser quién es.

Pág 62 y 63

… y declarar lo que sabe, que es casi nada.,, Así escribe uno, a golpes de intuición que mientras duran crean la ilusión de estar tocando la realidad en estado de posesión o de gracia.

Pág 115

Pero lo primero, cuando uno escribe, es el miedo: el miedo a aparecer, aunque sea en un ámbito privado, sin que nadie lo lea. Es aparecer ante uno mismo, es hacerse público. En ese trance, cuando las ganas de decir son más fuertes que el miedo, se prueba la integridad de lo escrito…

Uno igual escribe, pero maniatado por el miedo. La única manera de vencerlo es la embriaguez, la locura que ayuda a salir de uno mismo con lo que la escritura puede soltar, por momentos.

Pág 152

Estoy escribiendo. Aunque me repita, aunque entre en zonas farragosas, de placer difícil. Y cuando escribo, algo se está produciendo, no en un despliegue de la imaginación ni un aprendizaje de técnicas ni un esfuerzo por ser claro: estoy escribiendo sobre la vida, sobre lo que la vida tiene de hoja y pizarrón, con sus espacios llenos y vacíos.

Vuelvo a las actividades cotidianas transformado…

Hago un esquema, un borrador, una preparación de clase, como si me fuera la vida en ello, como si eso fuera lo que voy a dejar al mundo."

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martes, 4 de noviembre de 2025

Crónica del taller de Roberto Appratto

 



EL CUADERNO

O el comienzo de otra crónica

Es una tarde de comienzo de setiembre de 2023 cuando  me enfrento a ordenar un poco el caos de papeles que me rodea.

Eso implica decidirme a tirar y desprenderme de cosas que tengo la  certeza que no voy a volver a mirar.  Sé que poseo un apego de acumulación absurda  de programas, mapas, invitaciones, diplomas, fotocopias, libretas, notas, apuntes, agendas en desuso  y libros que no he leído ni pienso leer. Es un deseo firme que me ha acompañado largo tiempo. También es hacer lugar a nuevos libros sin morir en el intento.

¿Quién no ha sentido tan loable impulso?

Me muní de tres cajas medianas que pedí en el supermercado vecino; me dije que lo encararía con determinación, sin ansiedad, al ritmo que fuera surgiendo, y eso sí, con la meta definida hasta el final, sin distracciones, ni interrupciones.

Pero me temía que podían existir  encuentros ineludibles y aquí estoy frente al cuaderno que me acompañó en el taller literario de Roberto Appratto, al que ingresé en marzo de 2002 y cuya última anotación  data del 23 de abril de 2013

El magnífico plan falló en forma rotunda. 

Se trata del taller de escritura creativa al que concurro hasta el presente, con altos y bajos. Es probable que la detención en abril de 2013 hubiera correspondido a un bajo, porque quedaron algunas páginas sin llenar.  El alto posterior  que recuerdo ya fue en  época de tablet y tecnología, quizás por 2016 y deberé recurrir a la memoria.

Expresé la circunstancia como ineludible. Es que ahí estaba mi  cuaderno con aire inamovible, grande y fuerte,  con su tapa alegre cubierta en tela rústica, elegido con cuidado así, porque necesitaba alegrarme. Ineludible, porque ¿cómo podía eludir la curiosidad?  Me estaba escondiendo  una larga historia de creatividad compartida.

Lo que no podía prever al comienzo, al empezar a ojearlo y hojearlo, fue que en mi vida entraran en forma impetuosa los compañeros, las compañeras, los libros recomendados y leídos con voz clara, metálica, de profesor, borradores emborroneados, y la imagen de  Roberto siempre,  dirigiendo esa sinfónica y su coro polifónico.  Se desplegaron sorpresivamente, como en una ráfaga vivificante, todos  esos años  y como un rayo de sol, que nos atraviesa  al abrir una persiana, fue presente.

Y me habitó. Penetró ocupando  el  espacio con risas, voces, discusiones, y sobre todo creación,  .

Ahora, con temor y humildad, trato de recrear algunas de esas anotaciones,  buscando  el milagro de convertir imágenes y vivencias, con sus vibraciones,  colores y sonidos, en literatura.

No  son recuerdos,  son presencia

 

lunes, 3 de noviembre de 2025

 





















Les comenté que según pasen los días les iba a seguir contando de mi profesor, maestro del taller de literatura Roberto Appratto y algo voy escribiendo:
Parte 1
Hoy 30 de octubre, de mañana, en casa.
Pensando ya desde el arranque “no voy a aprender más a poner comas”, y me lo digo a mí misma como reclamando al universo que me corrija, como lo hizo siempre Roberto, y quiero que lo siga haciendo. Pero ya no está y tengo que dejar de poner comas donde me detengo a respirar, y consciente que soy desordenada para eso, y para colmo respiro sin ritmo, y sé que es otra forma de pereza, pedir al otro hasta que me ayude en algo. Bueno, a respirar no, no es para tanto, digo a puntuar de acuerdo a reglas para hacerme entendible, aunque oculto así, quizás, el deseo de querer ser ayudada por lo menos en eso. Y creo que a Roberto no le molestaba mucho, no sé, quizás hasta le gustaba. Y ahora mejor pongo punto y aparte.
Roberto se murió hace catorce días, sin autorización de los que dependíamos de él para entender un poquito el mundo de los libros y hacemos un intento de escribir. Así se fue, por las de él y nosotros pasamos al desamparo, y a tener una frenética comunicación entre nosotros para abrigarnos algo, decir y creer que podemos sacar algunos de sus proyectos adelante, organizar, discutir, y a veces darnos tiempo para llorar. Con desconsuelo, por él, por nosotros. ¿Cómo se le ocurrió dejarnos plantados así? Pobrecito, con tantas ganas de seguir, tan lleno de proyectos, tan auténtico, tan geniudo, tan buena gente, tan sabio, tan diferente, y así seguimos.
Deshilachamos un tiempo que se nos impuso, y una realidad que no tenemos ganas de vivir.
Sigo quizás mañana.

 

CRÓNICA DE UN TALLER

  

En la primera hoja, prolijamente pegada, el registro  en Word de la primera clase que debo haber escrito, me imagino después del trabajo en mi estudio, en la vieja lucha contra el caos y la impermanencia.

 

 

Primera clase: 15/03/2002

Profesor: Roberto Appratto

Grupo -  Paola: joven, trabaja en un laboratorio. Cecilia: joven, tres hijos, divorciada, trabaja en marketing en un laboratorio. Carmen: casada tres hijos, médica, psiquiatra, terapeuta, trabaja en criminología en la cárcel. Yo.  

 

Roberto inició el taller, como una clase, sin mayores presentaciones que nos ayudaran a integrar como grupo. La prioridad para él, parecía dar la clase. Explicar lo que se debería hacer.

De arranque sentí la obligación del “deber ser”, la que me persigue. No sabía si estaba en el lugar equivocado, buscaba entretenimiento y disfrute, que me estaba resultando escaso.  Sentí  “el cumplir”, y yo buscaba un “’quehacer juntos”.

Explicó la metodología: “’el  disparador” consistía  en leer cuatro textos anónimos y cortitos y luego escribir sobre las sensaciones que nos podían dejar.

Resultaron ser textos de Mujica Lainez, Carlos Fuentes, y García Marquez.

Sentí mi auto orden, anoté palabras con premura colegial, e intenté centrarme en las sensaciones que podían despertar esas palabras.

El primer texto se refería a una casa, que hablaba, contaba su propia historia,  los otros eran de personajes. Todos se referían a la decrepitud y el paso del tiempo.

Me pareció que mis compañeras fluyeron con mayor libertad por caminos propios.  Paola, en primera persona, desde una camilla, en emergencia, con conciencia de sonidos y colores. Cecilia nos hizo dar una gran vuelta en la memoria. Carmen desde un recuerdo, una niña, confusa e interesante.

Yo había llegado minutos antes, desde mi sesión de terapia, con las heridas abiertas. Traté de dar la vuelta sobre ello, y lo nombré “Renaciendo”  Por primera vez me  encontraba escribiendo un texto poético.

Negaba la muerte, el deterioro, el comedor poco iluminado, la sensación de continuar sola en un lugar lleno de  gente.

Resolví esperar, y reconocer el tímido movimiento interior.

 

El mármol suave, terso, frío

                Dio lugar al cráter.

La tibieza del sol

                y

                 la claraboya

y el sillón rojo,

                han surgido esta mañana

                de alivio.

Siento renacer

                con la vejez 

                los patios.

                Los muertos acompañan.                        

 

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