CRÓNICA
DE UN TALLER
En la primera hoja,
prolijamente pegada, el registro en Word
de la primera clase que debo haber escrito, me imagino después del trabajo en
mi estudio, en la vieja lucha contra el caos y la impermanencia.
Primera clase: 15/03/2002
Profesor: Roberto
Appratto
Grupo
- Paola:
joven, trabaja en un laboratorio. Cecilia:
joven, tres hijos, divorciada, trabaja en marketing en un laboratorio. Carmen: casada tres hijos, médica, psiquiatra,
terapeuta, trabaja en criminología en la cárcel. Yo.
Roberto
inició el taller, como una clase, sin mayores presentaciones que nos ayudaran a
integrar como grupo. La prioridad para él, parecía dar la clase. Explicar lo
que se debería hacer.
De
arranque sentí la obligación del “deber ser”, la que me persigue. No sabía si
estaba en el lugar equivocado, buscaba entretenimiento y disfrute, que me
estaba resultando escaso. Sentí “el cumplir”, y yo buscaba un “’quehacer
juntos”.
Explicó
la metodología: “’el disparador”
consistía en leer cuatro textos anónimos
y cortitos y luego escribir sobre las sensaciones que nos podían dejar.
Resultaron
ser textos de Mujica Lainez, Carlos Fuentes, y García Marquez.
Sentí
mi auto orden, anoté palabras con premura colegial, e intenté centrarme en las
sensaciones que podían despertar esas palabras.
El
primer texto se refería a una casa, que hablaba, contaba su propia
historia, los otros eran de personajes.
Todos se referían a la decrepitud y el paso del tiempo.
Me
pareció que mis compañeras fluyeron con mayor libertad por caminos
propios. Paola, en primera persona,
desde una camilla, en emergencia, con conciencia de sonidos y colores. Cecilia
nos hizo dar una gran vuelta en la memoria. Carmen desde un recuerdo, una niña,
confusa e interesante.
Yo
había llegado minutos antes, desde mi sesión de terapia, con las heridas
abiertas. Traté de dar la vuelta sobre ello, y lo nombré “Renaciendo” Por primera vez me encontraba escribiendo un texto poético.
Negaba
la muerte, el deterioro, el comedor poco iluminado, la sensación de continuar
sola en un lugar lleno de gente.
Resolví
esperar, y reconocer el tímido movimiento interior.
El
mármol suave, terso, frío
Dio lugar al cráter.
La
tibieza del sol
y
la claraboya
y
el sillón rojo,
han surgido esta mañana
de alivio.
Siento
renacer
con la vejez
los patios.
Los muertos acompañan.
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