lunes, 3 de noviembre de 2025

 

CRÓNICA DE UN TALLER

  

En la primera hoja, prolijamente pegada, el registro  en Word de la primera clase que debo haber escrito, me imagino después del trabajo en mi estudio, en la vieja lucha contra el caos y la impermanencia.

 

 

Primera clase: 15/03/2002

Profesor: Roberto Appratto

Grupo -  Paola: joven, trabaja en un laboratorio. Cecilia: joven, tres hijos, divorciada, trabaja en marketing en un laboratorio. Carmen: casada tres hijos, médica, psiquiatra, terapeuta, trabaja en criminología en la cárcel. Yo.  

 

Roberto inició el taller, como una clase, sin mayores presentaciones que nos ayudaran a integrar como grupo. La prioridad para él, parecía dar la clase. Explicar lo que se debería hacer.

De arranque sentí la obligación del “deber ser”, la que me persigue. No sabía si estaba en el lugar equivocado, buscaba entretenimiento y disfrute, que me estaba resultando escaso.  Sentí  “el cumplir”, y yo buscaba un “’quehacer juntos”.

Explicó la metodología: “’el  disparador” consistía  en leer cuatro textos anónimos y cortitos y luego escribir sobre las sensaciones que nos podían dejar.

Resultaron ser textos de Mujica Lainez, Carlos Fuentes, y García Marquez.

Sentí mi auto orden, anoté palabras con premura colegial, e intenté centrarme en las sensaciones que podían despertar esas palabras.

El primer texto se refería a una casa, que hablaba, contaba su propia historia,  los otros eran de personajes. Todos se referían a la decrepitud y el paso del tiempo.

Me pareció que mis compañeras fluyeron con mayor libertad por caminos propios.  Paola, en primera persona, desde una camilla, en emergencia, con conciencia de sonidos y colores. Cecilia nos hizo dar una gran vuelta en la memoria. Carmen desde un recuerdo, una niña, confusa e interesante.

Yo había llegado minutos antes, desde mi sesión de terapia, con las heridas abiertas. Traté de dar la vuelta sobre ello, y lo nombré “Renaciendo”  Por primera vez me  encontraba escribiendo un texto poético.

Negaba la muerte, el deterioro, el comedor poco iluminado, la sensación de continuar sola en un lugar lleno de  gente.

Resolví esperar, y reconocer el tímido movimiento interior.

 

El mármol suave, terso, frío

                Dio lugar al cráter.

La tibieza del sol

                y

                 la claraboya

y el sillón rojo,

                han surgido esta mañana

                de alivio.

Siento renacer

                con la vejez 

                los patios.

                Los muertos acompañan.                        

 

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